jueves, 28 de junio de 2012

Vitae (5): Cotidiano

La ciudad es una oleada de rock; mi corazón, un acantilado.

— ¿Qué podemos hacer con esto?
— Con ambas cosas, demasiado… Pero por separado, nada.

Desde mi último avalúo, sé que mi corazón  no vale mucho y no hay remedio.
Así es la realidad.

En otros temas, dicen en la televisión que eres feliz y que estás mejor que nunca.
Lo quiero creer desde el fondo de todos los LEDs que alumbran mi congoja.
¡Qué alegría por ti!

Pero qué alegría más ingrata la mía, tan hecha al spleen y al café frío en tazón de loza y cucharita de plata…

Y es que puesto a reflexionar sobre el dolor y sobre otros domingos echados a la trituradora:
sobreestimé mi capacidad para escribir en la obscuridad, para andar hacia atrás y sobre todo, para resistir la noche entera con un sólo corazón de a mentiras.

Todo se resuelve en tiempos extras.

La ciudad es una oleada de rock and roll; mi corazón, un desbarrancadero.

Las noticias siguen en la televisión hablan que los ángeles destruyeron todo, pero ya no cuentan nada de ti. Ni modo...

Llueve.
Mejor salgo a caminar.


Enrique López T.

martes, 26 de junio de 2012

Cine: El Secreto de sus ojos: Reflejos sobre la vida.

Para Nath y el secreto de sus ojos. 

¿Qué puede encerrar una mirada?
Todo: galaxias, imposibles, crímenes, vileza, amor, justicia, esperanza…
¿Qué hay en nuestros ojos que nos delata? Y ¿qué diantres hay en el corazón que nos mantiene otro día en la lucha?

Benjamín Esposito, funcionario judicial, también necesita conocer las respuestas, sobre todo ahora que regresa a su vida después de 25 años de ausencia, jubilado y con el afán de recordar, de escribir una novela sobre un caso criminal que trastocó su propia existencia.

El secreto de sus ojos (2009) de Juan José Campanella es sin más, grandiosa; situada entre el suspenso más eficaz y el romance más entero, sólo pide tu atención, no te juega sucio, recurre a tu inteligencia y a la capacidad de seguir una historia excepcional, para a cambio darte más de una sorpresa, más de dos horas de gozo cinematográfico, imágenes y diálogos para la memoria.


El secreto es el hilo de la madeja: descubrir al violador y asesino de una joven mujer, rastrearlo, atraparlo, lograr su condena, recordar y escribir todos los hechos y llegar hasta la luz final, en realidad significa: cicatrizar una herida, llenar un vacío, responder a una pregunta, es mirar y entender lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos ser… o no: «Pero» Una palabra de mierda que sirve para dinamitar lo que era, o lo que podría haber sido, pero no es”.


La obsesión de Esposito (un Ricardo Darín espléndido) está puesta realmente en su propia vida, la que perdió de vista en cierta franja opaca. Si descubre al asesino en algunas fotografías es porque él mismo es el observador anhelante de Irene (Soledad Villamil, maravillosa), su jefa, de la que se enamoró desde el primer instante que la vio con su mirada fascinante, y la que es su inspiración y apoyo en ésta cruzada. Si persiste en la búsqueda es porque reconoce su propia pasión en el esposo, devastado por la muerte y al que no puede entender: “¿Cómo se hace para vivir una vida llena de nada?” Pero es Esposito quien debería responder.


Pero resulta que la nada está llena, de recuerdos y más... igual que parte del río de mi vida ahora, tal como el personaje que está atrapado yo “ya no sé si es un recuerdo, o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando”... Por eso Esposito regresa, porque no quiere “tener mil pasados sin ningún futuro”, regresa entonces a saldar cuentas con el destino.


Es una gran obra, el inicio marca el pulso: bellas escenas y diálogos idílicos rotos con relámpagos de brutalidad, unidos con un terrón y medio de azúcar, hay sabores dulceamargos, claroscuros, objetos en primer plano que en vez de interferir abren el espacio y enfatizan las miradas (Hitchcock: citado, entendido, homenajeado). Su tratamiento del tiempo es nítido, puedes ir del presente al pasado sin aprietos, de la novela a la realidad, de la narración a la verdad, un bello trabajo técnico.


El viudo Ricardo Morales (Pablo Rago, con un actuación compacta) es quizá uno de los tipos más morales que la pantalla haya tenido, no quiere venganza, es en una palabra, la más abigarrada que puede haber, un justo, y como todos los justos no puede descansar hasta que la justicia se cumpla, persiste… y sus palabras aún resuenan: “Dijo perpetúa…”.


El escudero Pablo Sandoval (un Guillermo Francella encantador) aporta el buen humor, la camaradería y la mejor ebriedad que he visto, su solución y discurso sobre la pasión son gloriosas, para la memoria y el testimonio: ¿Te das cuenta Benjamín?  El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios. Pero hay una cosa que no puede cambiar Benjamín. No puede cambiar de pasión”.

Y es así como podemos vivir, con la pasión que nos mantiene otro día en la pelea. 

Cada personaje es digno de simpatía, y hasta el asesino que simboliza lo malévolo de la historia argentina de los setentas puede merecer compasión, al final. Y es que aún en su dureza, en sus momentos de dolor y amargura, es una película feliz, al fin y al cabo nos muestra una mirada que quiere callar y habla, que quiere olvidar y recuerda, que quiere finalizar pero que recomienza...


El secreto de sus ojos de Juan José Campanella es una de esas películas de auténtica poesía filosófica, aborda los temas de veras importantes: amor, justicia, tiempo, memoria, pasión… vida, y lo hace de una forma tan hermosa, tan sutil entretenida y verdadera que conmueve con dignidad y solidez. Es como haber visto a través de un bello prisma como la luz se deshace y proyecta bellos reflejos sobre la vida, sobre ésta vida, la única...

Enrique López T.

miércoles, 20 de junio de 2012

Vitae (4): Consejos

Ayer me dieron un buen consejo. ¡Es una lástima! De no haberlo hecho quizá, quizá lo hubiera seguido… al menos por casualidad o debido a un milagro autentificable; pero anularon la posibilidad con tan sólo decir consejo. Y aquí, por decencia, omitiré siquiera aludir al principio de incertidumbre de Heissenberg, no soy tan mezquino.

Los buenos consejos se observan de cerca, tanteando su grupa dorada, sus astas de titanio opaco, su respiración simple de barracuda… y se capotean, sólo eso, se capotean con cierta maestría… incluso por encima de las desolaciones que esto implica. Nada más reconfortante que caer en la zanja que tú mismo cavaste con la necedad de tus dientes.


Enrique López T.


lunes, 18 de junio de 2012

Cine: Prometheus: Ridley Scott encadenado

¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestro origen, cuál nuestro propósito? Son preguntas fundamentales, cuestiones que nos llevan al límite del sentido. Nuestro esfuerzo por darles respuesta nos ha llevado a fundar ciencias que buscan el origen del hombre, el origen de la vida, el origen del universo…

La ciencia nos ha dado el entendimiento de que todos estos orígenes están encadenados, de que hay, por decirlo así, una sola Historia marcada por el paso accidentando de una evolución que va de lo simple a lo complejo, no necesariamente a lo mejor.


Sin embargo, la ciencia no es suficiente para dar todas las respuestas: la ciencia trata con el cómo, tal vez con el porqué pero el para qué se le escapa: por qué surge la vida o para qué surge la vida, por qué existe o para qué existe el ser humano… son preguntas que quedan fuera de su ámbito y que nos llevan a callejones sin salida.

La religión puede entrar al quite para calmar éstas ansias metafísicas y angustias existenciales, me dirán que no son “respuestas verdaderas” pero he visto que ofrecen consuelo real. Casi en la misma vía de escape tenemos a la filosofía, que funciona más como una terapia de choque… y al arte, que nos puede dar otras experiencias cercanas a la calma, la certeza, o también al agobio y a la incertidumbre de lo que significa «ser».

Y es que la ciencia–ficción debe responder de un modo u otro a la pregunta ¿qué significa ser un ser humano, aquí y ahora, en términos de nuestros valores, riesgos, preocupaciones, perspectivas, sueños…?


Ridley Scott lo hizo dos veces (por eso tiene mi respeto y admiración total): una con Alien (1979) sobre las amenazas de lo desconocido y el temor emanante (mediante referencias sexuales) y otra con la que es a mi gusto: la mejor película de ciencia–ficción de todos los tiempos, Blade Runner, poderosa película que plantea la relación entre la creación y el Creador, el hijo y el padre, la vida y la muerte, el esplendor y la decadencia,  sobre la calidad de ser humano…

Tristemente no encontré nada de esta dimensión filosófica o existencial en Prometheus, no digo que no la tenga, sólo que yo no pude encontrarla, podrá estar filmada en 3D, pero para mí carece de profundidad.

Cabe decir que no soy gran fan de la serie de Alien (sólo de la primera película), y esperaba más de Prometheus; de hecho no sabía de la conexión con la franquicia, opté por llegar a la butaca sin saber nada sobre el regreso de Ridley Scott a la ciencia ficción, listo para las sorpresas…

No dejo de reconocer que, a nivel técnico, su producción es impecable, justamente en la línea de Alien: hay un gran despliegue de las concepciones y el estilo de H.R. Giger (las estatuas, los exoesqueletos de los Ingenieros que me recordaron a Ganesha, el diseño de la nave y las criaturas, etc.) pero ya no hay frescura, ya lo hemos visto muchas veces.


Sus efectos son muy cuidadosos y efectivos: se ve muy bien (la versión de 35mm es más clara que la de 3D) despliega grandes escenarios y juega con la obscuridad: el miedo asociado a la exploración de un medio desconocido, extraño, hostil… pues ante todo están en una tumba que tiene y que lleva la muerte en su interior. También juega con la enormidad de estancias secretas o de naves cayéndote encima.

Pero el guión tiene grandes baches y desperdicia a actores y a personajes que pudieron darle más fuerza al film, Idris Elba es el mejor ejemplo: de qué juega, de dónde saca ese arrebato heroico. Sin duda, la película se la lleva Michael Fassbender pero no en su papel del robot David (“Hello, Dave!” homenaje a HAL-9000 de 2001: A Space Odyssey) que tiene su propia agenda, sino como Lawrence de Arabia y así qué chiste. Las citas memorables de Prometheus proceden de Peter O’Toole: «The trick, Potter, is not minding it hurts»…


La heroína Elizabeth Shaw (Noomi Rapace) es un poco fallida, con la fortaleza femenina acostumbrada pero no tan aguerrida o inteligente como Ripley (sí con el mismo peinado corto–despeinado), a mí no me logró convencerme de su fe, suena hueca, su experiencia del asombro o de la trascendencia está desdibujada, es una de las peores creyentes de la historia del cine.

Prometheus no tiene respuestas a casi nada, y está bien… quiere instaurarse en esa tradición de la ciencia ficción especulativa (atisbos de creacionismo incluidos), planteando más preguntas… pero falla, porque no las planeta sobre el sentido de la existencia, el origen del hombre (incluso en la “perfecta coincidencia” del material genético con los “creadores”) o la de su eventual exterminio (por ejemplo, si se juega con la mitología cristiana por qué no dejar asomar la ira del Ingeniero al ver la cruz de Shaw, haciendo un guiño a una especie de venganza por la muerte de Cristo… o algo así) en vez de esto se queda de nuevo mirándose el ombligo, metido en el “universo Alien” inclusive si inaugura una línea paralela.


Estoy cansado de precuelas, de secuelas, de remakes, de repeticiones… cansado de que ésta época ardua e importante, no tenga las películas de ciencia ficción que le permitan pensarse y repensarse; cansado de que todo se quede en el mero entretenimiento. Para mí Prometheus no pasa de un divertimento veraniego, simplemente porque le falta profundidad. Es cierto, esperaba más y las expectativas pueden cegarnos…

Con todo, dos cosas son ciertas:

La primera, Ridley Scott igual que el titán (pésimamente aludido) está encadenado a su pasado (ahí viene una secuela o precuela de Blade Runner, que según yo debiera ser intocable), ojalá que rompa esas cadenas y se aventure a nuevos horizontes, que recuerde las palabras de Philip K. Dick: “I am a fictionalizing philosopher, not a novelist”, que Scott vuelva a ser más que un director un filósofo del cine.

La segunda verdad, es que, Prometheus te deja un ferviente deseo por ver Lawrence de Arabia… con esos contrastes entre el espacio abierto del desierto y la toma cerrada sobre los rostros, diciendo líneas como:
–Have you no fear, English?
–My fear is my concern.
Efectivamente, lo mejor de Prometheus es Lawrence de Arabia.


Enrique López T.

jueves, 14 de junio de 2012

VitaCora (3): ...por la esperanza.

Debes soñar y no soñar. Debes vivir y vivir, pero vivir.

El ilógico y desesperado despertar, es igual, al acechante y sordo dormir.
Se igualan por la velocidad de sus fugas, se disienten inexorables por su himno secreto.

El sentido es confuso si lo miras desde el retrovisor, durante la caída.
Estoy cayendo y tocando todas las cimas.

El sentido de una vida que transcurre a ciegas, no vale ni sus ruinas.

Debes despertar y no despertar.  

Debes vivir y vivir, pero no quedarte en esa vida.
Ni en la vida que viene.
Piensa en lo infinito por la fracción venidera.
Todo tiene un límite que magnifica tus heridas y tus penas.

Debes mantenerte en la vigilia aunque suponga más heridas y más penas.

Los momentos felices no han pasado.
Si tienes buena fortuna continúan. 
Si tienes buena suerte te esperan.
Te esperan dulces los labios que conocerás.
Te esperan amargas las lágrimas que ya traes en la mirada.

Pero qué importa. Todos hemos de morir por la esperanza.


Enrique López T.

martes, 12 de junio de 2012

Diario (4): Congo

19 de Febrero de 1902. Hoy a media tarde finalmente apareció Cruyff, cargaba un pedazo grande de caoba o al menos eso parecía desde lejos a contraluz.

Algunos oficiales negros y sus pequeños hijos, con los que ha trabado amistad, salieron a su encuentro, e inmediatamente empezó el alboroto.

Cuando llegó al casino develó su buena fortuna: un precioso cuerno de rinoceronte, tan blanco como las nieves de los Alpes o del Kilimanjaro y tan perfecto como el cuello de mi amada Natasha.

Lavater sacó una botella de champagne y brindamos.

Ya para el anochecer, todo mundo en Zanzíbar sabía que Sebastian había cazado un rinoceronte blanco… que le había dado los dos primeros tiros en el lado izquierdo, junto a la oreja justo cuando reculaba para embestir; el tercero y cuarto a la misma altura cerca del ojo y el número cinco en el corazón para rematarlo.

Yo creo que miente o algo peor… nadie utiliza cinco cartuchos sabiendo que mañana en la plantación podrían salvarle la vida. A menos de que tenga municiones extras, y esas en el aquí y ahora salvaje, son más preciadas que los propioa diamantes.

Debo poner esto en claro… podría estar relacionado con la misteriosa muerte del Capitán Byron, cuyos efectos personales nunca aparecieron.


by Steve Anderson
Enrique López T.

jueves, 7 de junio de 2012

DeuxSang (3): Memorias del porvenir (1)

I. Es un estado del corazón inadvertido, una esquirla que sabe desear, una máquina de desvelo hecha de algún material imposible.
1. Alguna vez existirá de nuevo, y otra vez tendremos  una gran verdad para sacrificar sobre ciertos corazones, duros y desolados… miradas de una mujer a la orilla del silencio.
II. Es una violenta luz iridiscente, es un cuerpo disfrazado de melancolía que se acaricia con el sentimiento de un paraíso nunca recobrado.
2. Lo recuerdo apenas: teníamos que comprar un trozo de futuro, pero olvidamos apuntarlo en la ceniza del cielo y la nieve cubrió todo… aquella mañana de junio.
III. Es un manojo fresco de suspiros, un perfume navegante y evanescente, un beso que se te va quedando tatuado en los sentidos.
3. Ayer en la batalla, un pedazo de recuerdo quedó alojado en el pabellón del alma, pero mi alma no empezó a dolerse, sino a brotar brea, a incendiarse con lentitud de amante.
IV. Es una sala de cine después de la guerra en la que proyectan una película de Chaplin, por principios de humanidad sonriente, por puras cuestiones sentimentales.
4. Todos mis ayeres serán mañana, todos mis recuerdos serán vividos a dos sangres, la del nunca y la del ahora.

Enrique López T.

martes, 5 de junio de 2012

Pazzo (8): Persianas

Desde mi ventana de alquiler veo la primavera: sus brillos estiran los árboles sobrevivientes con la claridad que la sed no tiene, e inundan con verdes caballos de belleza las calles quebradas, apremiantes, casi transparentes, casi infiltradas por la naturaleza viva. Escalofriante.

Pero nada más allá, lejos en mayo, veo la primavera. Aquí dentro, en mi cuarto de hotel, solamente un rayo de sol brilla sobre la mesa, baila alrededor de una naranja a medio comer… un diario con las noticias de mañana y sobre todo, 2 o 3 garabatos que pelean.

Aquí en la penumbra derruida: el caos se ordena… y las cosas se entretienen en sus cosas, mientras yo bebo mi café frío… y el otoño me sigue contando sus vidas pasadas.


Enrique López T.