martes, 28 de febrero de 2012

Imposibilidad e insistencia

2\4 N

Recomienzo siempre con el mismo discurso:
No creo en la poesía…
sino como una forma de gritar sin que se oiga.
Y aquí estoy postergando de nuevo el silencio,

doblándolo 9 veces
como si existiera independiente de ti,

de lo que te digo a deshoras
sin que lo sepas, 

sin que lo sepa nadie...
sólo la sucesión de catástrofes
y la misma sordera de siempre.

Yo sé bien
que tú eres toda la poesía que podré tocar,
toda la poesía que perdí...
sin tenerla nunca. 

El silencio es nuestro mejor lugar de encuentro...
¡Qué gran mentira!

Duele tanto ahora
que podría jurar que está hecho de metralla,

fresca y solidaria metralla,
¡ardiente y viva!

que hiere a las piedras rodantes
que intentan escapar
de los días de infelicidad curva.

Conozco toda la geometría
que gobierna las distancias.

Aquí mismo desgasto la piedra
hasta que sangre...
hasta que ya no sangre,

hasta topar con los huesos de Dios,
y comprobar experimentalmente
que no ha muerto...

que Él también se quedó en silencio

y que le duele tanto al pobre
como un niño sin niñez,
como una mujer sin fortuna,
como un hombre que arruinó su vida
sin vuelta atrás...

Sutura.
No creo en la poesía…
sino como una forma de golpear la nada.
Aquí... mi doliente Dios:

desbarato los signos hipócritas que tanto detesto
para hablar con violencia…

sobre la capacidad que ciertos animales tienen 
para echarse sobre su sombra,

para poseer alma y usarla
como combustible y coartada
de los días que no pasan...

y de la eternidad que pasa sin Ella.

Y con todo,
insisto
pero es imposible
que Ella regrese:

de la patria del nunca,
de la república la esperanza.

¡¡¡Oh! Dios de los vivos:
la imposibilidad 
y la insistencia!

ni Tú, ni el diablo, ni la desventura

sólo su recuerdo
golpea mi alma!





EnLop.

jueves, 23 de febrero de 2012

Cine: El milagroso “Chivo” Lubezki

Children of Men es uno de los filmes más fastuosos en la historia del arte: pocas veces el segundo plano ha sido tan o más rico que el primero; es impresionante ver como el fondo contiene todo el bagaje, como narra por sí mismo la Historia, como sostiene la carga melancólica de ese mundo agónico, mientras que en el primer plano sucede la acción, que fluye mejor y con mayor fuerza gracias a éste coro de lujo alrededor.

Sin duda, es un triunfo del cine sobre la literatura, y sobre el cine mismo. Además del director, Alfonso Cuarón, uno de los responsables directos de ésta paridad entre planos y del profuso estilo conceptual y visual es Emmanuel “El Chivo” Lubezki, uno de los mejores cine–fotógrafos de todos los tiempos, y punto.


Su trabajo tras la cámara es minucioso, siempre ofrece un punto de vista para pensar y sentir la película, para construir la realidad o el sueño, para entrar en ésta dinámica de creencias que sólo el cine posee. Pero su trabajo real va en otra dirección que es la misma… enseguida me explico. Cuenta Alfonso Cuarón a propósito del soberbio plano–secuencia de Children of Men:
… en la última toma iba todo muy bien, hasta que un estopinazo a un extra le echó sangre al lente; yo grité corte, lo bueno fue que en ese momento hubo una explosión, nadie me oyó […] entonces la dejé correr y, al final, El chivo y Clive, el actor, estaban en total euforia y les decía: pero no funciona está llena de sangre, el lente.  Y haz de cuenta que “El Chivo” gritaba ¡¡¡eres un idiota! ese es el milagro! ese es el milagro!
Justamente el trabajo de “El Chivo” Lubezki, radica en reconocer el milagro cuando sucede, pero sobre todo, consiste en hacer que el milagro suceda… y me refiero, por supuesto, a The Tree of Life de Terrence Malick. 

Ya habían colaborado en The New World que le mereció al mexicano su tercera nominación al Oscar por un logro superior: iluminar con luz natural la cinta sobre Pocahontas y John Smith, logrando la atmósfera real de ese siglo: de atardecer boscoso, de fuego salvaje, de luz titubeante y obscuridad clara. Todo desde el punto de vista subjetivo de los personajes, con la fuerza de los encuadres y las tomas “a mano desnuda”.

Pero las imágenes cinematográficas logradas en The Tree of Life son más excepcionales, director y fotógrafo llevaron más lejos su dogma cine-fotográfico-temático: 

La obra también está filmada con luz natural, se eligió la hora del día para lograr cierta iluminación en cierta toma, por ejemplo, el sol o la luz brillan en todas las ventanas de la cinta, especialmente en la casa familiar. La claridad y la resolución son pasmosas, se nota el flujo de la obscuridad en las “tomas a obscuras” y la marea de la luz en ellas, Lubezki siempre pone la pincelada de luz; al conservar los tonos negros reales, al no sobre-exponer el negativo, lograron una naturalidad rítmica, un continuo que nunca se desgarrar, ni siquiera con las escenas prehistóricas y sus efectos visuales o milagros como el de la mariposa, al contrario, le aportan profundidad y aliento.


Y es paradójico que la cinta tenga una gran profundidad de plano cuando la distancia focal es corta, la cámara de “El Chivo” sigue a los personajes a mano limpia y muy de cerca para captar el detalle de sus pensamientos y sus emociones por proximidad, no mediante zoom. Las imágenes son amplias, mucho muy amplias, y el “close-up”, firme pero suave, casi imperceptible… vuelve a ser un elemento para transmitir la trascendencia, como lo usaban maestros del cine como Dreyer. Lo dicho, Lubezki ofrece una perspectiva para experimentar la cinta.


Porque más allá del reto y el logro técnico, está el efecto sobre el espectador: 

Primero, sorprenden al pensamiento en su sitio mismo de confort, entonces es tomado en vilo y empujado hasta los límites de la lógica y el entendimiento. Resuenan preguntas como ¿qué es esto?, ¿qué es lo que estoy viendo?, ¿qué significa?... Y si el pensamiento es verdaderamente «consciente» con cada escena es llevado a los inabarcables desiertos de la imaginación, y más allá, hasta los territorios fértiles de lo sublime, donde no hay diferencia entre razón y sentimiento, entre pasión y reflexión, donde cada imagen cinematográfica es la puerta de entrada y la desembocadura del Todo, porque lo sublime te lleva a sentirte parte del Todo.


Pero esto sólo es el camino de ida, falta el retorno, la restitución de lo trascendente, de lo sublime al campo del Tiempo: desde el nacimiento del Universo, la conformación de las galaxias, entre ellas la Vía Láctea, luego la Tierra y los demás planetas, la aparición de la Vida, su evolución, hasta topar con el campo de la existencia personal de seres humanos confrontados a su cotidianeidad, a sus penas y alegrías diarias, a sus pequeñas victorias y grandes derrotas en éste viaje hacia ningún lado que es la vida


Cada toma expresa el milagro del que participamos, y aquí no importa si eres creyente o no: si el Todo hubiera sido más homogéneo la interacción gravitacional no habría podido darse, ni hacer su trabajo y entonces, el Universo hubiera desparecido casi de inmediato. Pero aquí estamos, en tensión entre dos fuerzas, entre la naturaleza y la gracia, y de ésta tensión surge la vida, el espíritu y se enriquecen.

Es increíble que todo esto lo exprese una película que se sitúa más allá de la narrativa, es aún más increíble que lo exprese una cinefotografía que ha sublimado su propio lenguaje. Y es que The Tree of Life de Terrence Malick con fotografía de Emmanuel “El Chivo” Lubezki, nada tiene que ver con la «literatura filmada» o el “teatro filmado”, es en el máximo sentido del término: cine conceptual.


Así, “El Chivo” Lubezki ya está en el Olimpo de los cinefotógrafos, sólo espero que sea distinguido con su primer Oscar, será el reconocimiento a una trayectoria fructífera, será el reconocimiento de que el arte es la feliz comunión entre la naturaleza y la gracia.


Enrique López T.

martes, 21 de febrero de 2012

Cine: Y el Oscar es para…

Creo que no hay mejor tema para re-inaugurar éste blog que los Oscares: los amados, los odiados, los justos e injustos premios de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Una cosa es indudable, la inminencia de la premiación le cambia el pulso a la pésima cartelera nacional, que desde hace más o menos seis, siete semanas exhibe y re-exhibe lo mejor de muchos meses: obras de Martin Scorsese, Woody Allen, Clint Eastwood, Steven Spielberg, Alexander Payne, David Fincher, Terrence Malick… casi no se puede creer. Y de verdad que no es poca cosa,  sobre todo después de la sequía del verano y de las agoreras predicciones sobre la extinción del cine (y el mundo).

Vamos por partes. Lo más destacado para México, ya lo saben, es la nominación a mejor actor para Demián Bichir por su trabajo en A Better Life: cuando la vi hace meses me sorprendió por la mesura de su trabajo, sin la habitual exageración y fantochada de los Bichir;  realmente parecía otro actor, seguramente tuvo que ver mucho el director que le ajustó la rienda actoral.

Y de esta forma le ganó la nominación a monstruos como Leonardo DiCaprio que una vez más hizo una gran creación en J. Edgar de Clint Eastwood y al mismo Ryan Gosling que está espectacular en Drive.

Cuando se estrenó A Better Life ya se hablaba que podría merecer una nominación y ésta es realmente su premio, Demián Bichir difícilmente ganará, pero a partir de ahora podremos verlo —si su ideología se lo permite— en los papeles para los «latinos», ya está para la próxima de Oliver Stone, llamada Savages; y se rumora que podría estar en alguna de las próximas de James Bond, ahora que la franquicia ha sido salvada.


La otra posibilidad para un mexicano es justa, merecida, y lleva todas las de ganar: por quinta ocasión Emmanuel “El Chivo” Lubezki está nominado a mejor (cine)fotografía por The Tree of Life y como es costumbre su trabajo es fastuoso, de un poder brutalmente etéreo, consiguió dominar los elementos… la luz y el tiempo para darle esa dimensión espiritual… mística, a la cinta de Malick.

Recorro la lista de películas y no encuentro una sola, cuya factura le pueda pelear en todos los niveles y con tal poder la magnificencia alcanzada, quizá sólo Caballo de Guerra se le puede aproximar en fuerza. Mi deseo y predicción es que 
“El Chivo” lo ganará. Aplaudiré de pie y con toda la alegría del mundo al maestro Lubezki cuando recoja su premio. Momento histórico para México y para la cine-fotografía.

Hasta hace algunas semanas  la mejor película era una carrera parejera entre The Artist/El Artista y The descendants/Los decendientes, ambas auténticas obras de arte. La primera un vuelco a la raíz misma del cine a su emoción primera; la segunda una notable disquisición sobre la estirpe y la vida imperfecta, tal cual…imperfecta. 

Pero Hugo/La invención de Hugo Cabret tuvo un cierre muy fuerte y cabe la posibilidad de que pueda  superarlos por el lado ciego con sus mismos argumentos, es decir, Hugo como The Artist es un homenaje al cine y como The descendants está tremendamente bien contada, la pelea está buena, veremos qué pasa. 

Mi apuesta es para The Artist, pero si gana Hugo estaré también muy contento, reitero… hace muchas entregas que no teníamos tantas y tan buenas películas nominadas, y trabajos tan buenos en todas las líneas: grandes actuaciones, estupenda cine-fotografía, mezcla de sonido colosal, edición exacta, cortometrajes de una factura impecable, todo, todo muy bien.

Regresando a los premios, las  demás categorías casi están cantadas, casi; y me guardo mis predicciones para la tradicional quiniela, pero seguramente habrá sorpresas y me la arruinarán… como cada año.  Dos cosas son seguras:

Una, que ésta ceremonia será más divertida bajo la batuta experta de Billy Cristal, que ha dado grandes momentos para la historia de la ceremonia, la conoce y seguramente le imprimirá un mejor ritmo. Al demonio con el raiting “joven, los que seguimos este evento somos un público aparte, es lo primero que deben entender los organizadores. 

Dos, la gran triunfadora de la noche será Francia, presencia viva y referencia en muchas de las películas, cuna de éste noble arteseguramente algunas estatuillas irán para allá... pero pase lo que pase los grandes ganadores serán el cine y su gente, después de una sequía veraniega y otra temática, el panorama pinta bien y para mejorar, como esas nubes que fotografió Lubezki, llenas de bendiciones y misterios…

Disfruten… Feliz fiesta del Oscar.


Enrique López T.