martes, 12 de junio de 2012

Diario (4): Congo

19 de Febrero de 1902. Hoy a media tarde finalmente apareció Cruyff, cargaba un pedazo grande de caoba o al menos eso parecía desde lejos a contraluz.

Algunos oficiales negros y sus pequeños hijos, con los que ha trabado amistad, salieron a su encuentro, e inmediatamente empezó el alboroto.

Cuando llegó al casino develó su buena fortuna: un precioso cuerno de rinoceronte, tan blanco como las nieves de los Alpes o del Kilimanjaro y tan perfecto como el cuello de mi amada Natasha.

Lavater sacó una botella de champagne y brindamos.

Ya para el anochecer, todo mundo en Zanzíbar sabía que Sebastian había cazado un rinoceronte blanco… que le había dado los dos primeros tiros en el lado izquierdo, junto a la oreja justo cuando reculaba para embestir; el tercero y cuarto a la misma altura cerca del ojo y el número cinco en el corazón para rematarlo.

Yo creo que miente o algo peor… nadie utiliza cinco cartuchos sabiendo que mañana en la plantación podrían salvarle la vida. A menos de que tenga municiones extras, y esas en el aquí y ahora salvaje, son más preciadas que los propioa diamantes.

Debo poner esto en claro… podría estar relacionado con la misteriosa muerte del Capitán Byron, cuyos efectos personales nunca aparecieron.


by Steve Anderson
Enrique López T.