Algunos oficiales negros y sus pequeños hijos, con los que ha trabado amistad, salieron a su encuentro, e inmediatamente empezó el alboroto.
Cuando llegó al casino develó su buena fortuna: un precioso cuerno de rinoceronte, tan blanco como las nieves de los Alpes o del Kilimanjaro y tan perfecto como el cuello de mi amada Natasha.
Lavater sacó una botella de champagne y brindamos.
Ya para el anochecer, todo mundo en Zanzíbar sabía que Sebastian había cazado un rinoceronte blanco… que le había dado los dos primeros tiros en el lado izquierdo, junto a la oreja justo cuando reculaba para embestir; el tercero y cuarto a la misma altura cerca del ojo y el número cinco en el corazón para rematarlo.
Yo creo que miente o algo peor… nadie utiliza cinco cartuchos sabiendo que mañana en la plantación podrían salvarle la vida. A menos de que tenga municiones extras, y esas en el aquí y ahora salvaje, son más preciadas que los propioa diamantes.
Debo poner esto en claro… podría estar relacionado con la misteriosa muerte del Capitán Byron, cuyos efectos personales nunca aparecieron.
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| by Steve Anderson |
Enrique López T.

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