martes, 28 de junio de 2011

Cine: The Beaver y las trampas de la fe

El demonio de la depresión es aceitoso, oscuro, lento… rencoroso. Los primeros minutos de The Beaver retratan con lujo de detalle y metáfora el trabajo de este ‘diablo ahogador’ sobre un hombre al que ha hecho irremediablemente infeliz en luto perpetuoporque no importa qué haya intentado, lo ha intentado todo.


La asociación religiosa no es fortuita, sobre todo si se trata del regreso actoral de (un grandioso director como) Mel Gibson, a favor y en contra, un auténtico creyente, obsesionado con el Mal en el mundo y con el sufrimiento, en fin un ser humano que en esta cinta ha encontrado, ojalá, una forma de exorcizar sus propios demonios y sino, para qué se hacen las películas.

Quizá en el fondo la vida no sea la búsqueda de la felicidad, sino el hallazgo de un pequeño consuelo que nos permita continuar día a día. Walter Black lo encuentra en la forma de un títere que se le presenta así: Soy El castor y estoy aquí para salvar tu maldita vida. Y efectivamente, se convierte en ese paliativo que le permite volver a funcionar en un mundo interior y exteriormente adverso, vía una franqueza algo bestial consigue conectarse de nuevo con su mujer y con su hijo menor, logrando además un éxito comercial con un trozo de madera, una sierra y un poco de charla. Diríamos que gracias a El Castor rescata su vida secuestrada por el demonio de la depresión… otro triunfo fácil para el espíritu humano… No. Creo que no.

The Beaver no es la cursi película hollywoodense del montón. Jodie Foster ya dio muestras de su singularidad como directora y ésta no es la excepción. Hace gala de una efectividad asombrosa: la voz en off del castor nos presenta inmediatamente a Walter en términos de su depresión: lo que hace principalmente es dormir; luego en el borde del suicidio nos convence de la «realidad» del castor como la solución efectiva por que soy el único que real–realmente sabe como te sientes y hacia el último tercio de la película se atreve a demoler toda la maldita estructura haciendo una crítica de la sociedad a medio camino entre la depresión es una mancha obscura…, el espectáculo parece que a la gente le gustan las desgracias, el consumismo y la miseria. Lo que la directora nos presenta es al ser en límite, y los bordes son de suyo peligrosos.


De nuevo la palabra clave es consuelo, irremediablemente me remite a los cátaros y en general a estas sectas de cristianos exigentes y críticos de principios del siglo II, que tomaban para sí el modelo de vida de los apóstoles, y cuyo único sacramento era el Consolament, más allá de un bautismo del espíritu por imposición de las manos, era una revelación
cuando se comprende la banalidad de todo, cuando el mendigo rechaza la limosna porque es más rico que el rico, cuando la palabra del clérigo pierde todo sentido porque cada cual tiene en sí mismo un consuelo más alto, entonces el ser se libera… pero y si no llega tal consuelo o el consuelo no es tal, entonces demonios peores se apoderan de todo. Y es que no todos tenemos la fuerza para ser estoicos o santos, sobre todo ante una fatalidad neuroquímica.

Hay más, racionalistas ante todo en su afán de explicar el Mal, los cátaros creía que la Creación era obra de un dios maligno, de Satanás, príncipe de este mundo y señor de este tiempo… y precisamente El castor se revela como eso, un demonio peor que construye un mundo falso y lleno de mal, a costa de lo que realmente le importa a Walter, su familia. Para colmo el demonio no es ajeno, sino que forma parte de su psique, la ruptura psicótica puede ser peor, y lo es, por eso la pelea entre estos dos que es uno, impacta y da vuelta a la historia y a la alegoría.


La agudeza de la película está en advertirnos que el simple consuelo, a veces, no es suficiente. Que necesitamos otra cosa aparte de un sustituto en el cual depositar toda nuestra fe porque la fe tiene sus trampas. La película es por sí misma más profunda de lo que pudiera parecer y más cruda, por ejemplo, no creí que se atreviera a «separar los alter–egos», ahí fue cuando gano mi deferencia y justo en ese punto logra emplazar un silencio que le da otra tesitura.

Incluso la historia del hijo mayor que durante casi toda la cinta es vacilante (reflejo y repetición del destino del padre) sirve para coronar muy bien el final, técnica de gran directora, igual que las primeras tomas de extraña belleza (la piscina vaporosa, los rostros multiplicados, la ternura podrida de la ciudad nocturna, la oscuridad del zapato) dan intención a cada planteamiento y finalmente logra una obra sólida llena de detalles (el mal hereditario, el bullying, la pavorosa presencia de la TV para el deprimido, las reflexiones de El Maestro y el pequeño Saltamontes, el desconsuelo asiático, el circo de los medios de comunicación, el consumismo, el éxito pasajero, el perdón, la ingeniería de montañas rusas…), todo cabe.

Como actriz Jodie Foster apuntala muy bien ésta pantomima de intenciones, siendo el nudo entre los diversos relatos confluyendo. El resto del elenco cumple a cabalidad. En suma está muy bien dirigida, su mayor acierto sin duda (más allá de la amistad entre estas estrellas) fue no darle el estelar a Jim Carrey, hubiéramos tenido otra película, más en la orilla de lo frenético. 


Celebro que esta película sea la que es y no otra, no carece de momentos de franca hilaridad y de humor incómodo, el mejor de todos; incluso tiene el valor de reírse del propio Gibson hincado y flagelándose… en un mundo cada vez más políticamente correcto, eso se agradece. Y es que Mel Gibson borda muy bien ambos papeles, mantiene el acento y la mímica de El castor y de Walter, separa ambas personalidades, nunca las traslapa; además trabaja espléndidamente con el títere, le construye un espacio libre pero siempre colindante, se apoya en él sobre todo en los momentos de introspección que le dan profundidad y estilo a la cinta, hacia el final logra el cometido de la película: correr la cortina, develar.


Ésta es la médula de la película. ¿Es sobre la depresión? Por supuesto. ¿Es sobre encontrar el consuelo adecuado? Creo que sí. ¿Es sobre las trampas de la fe? A eso le apuesto. Pero ante todo es sobre saber como enfrentarse a la enfermedad, sobre saber abandonar los consuelos, sobre romper con las ilusiones, desligarse de la fe perezosa, y sobre el proceso de llegar a ser lo que uno en verdad es.

Una de las grandes líneas de la película establece: la tragedia es nuestro derecho, y es verdad, el valor de cada hombre se juzga conforme a su más íntimo infierno, pero también es un derecho intentar y superar cada trance, podríamos entender la inutilidad de todo, pero también hay que entender que lo que hacemos de nosotros mismos, permanece. 


Enrique López T.

martes, 21 de junio de 2011

Vitae (2): Brindis

Dijiste “moriré antes” y lo cumpliste a cabalidad.

¡Qué absurdo es el honor de los muertos! Es una celda sin piso, ni capota, ni barrotes, pura y ansiosa velocidad de escape.

Y aquí me tienes con una botella del mejor whisky que el dinero pudo robar, y que beberemos como siempre… como 2 viejos forajidos cansados de ceñir al destino, cansados de practicar las mismas hazañas y de recordarlas con exceso de detalles, cansados en fin, de sangrar un poco y nunca lo suficiente…

Yo con una tengo para toda la noche… Sí, ya lo sé… mi fidelidad asquea, pero tuya es la vida, la botella, la muerte acábatela…

Y como se que harás encolerizar a los dioses, propongo un brindis por tu alma que destruiste antes de mendigar cualquier clase de eternidad falsa.


E.L.T.
A cada quien su suerte.

martes, 14 de junio de 2011

Box y Cine: Campeones e inmortales

Todos los días son memorables en el boxeo. El cansancio y el ánimo, el anhelo y la decepción, los golpes y el respiro, el dolor y la satisfacción, la derrota y la victoria están ahí para demostrarlo. Pero hay días más grandes en los que la gloria desperdigada finalmente se congrega, y algo en el universo se estremece, como si hubiera recibido un derechazo en el mentón.

El Domingo 12 de Junio de 2011 fue uno de estos días señeros: Julio César Chávez, Mike Tyson, Ignacio Beristain, Sylvester Stallone entre otros semejantes, tomaron su lugar en el Parnaso de los hombres hechos a golpes y resistencia, se “graduaron” como la Clase 2011 del Salón Internacional de la Fama del Boxeo, con sede en Canastota, N.Y. que vivió un día de celebración y es que la grandeza debe ser reconocida y festejada siempre y cada vez que se pueda, sobre todo para seres de ésta casta, tan cercanos a las alturas como a los abismos

Todos entran legítimamente, por derecho propio, todos: 
  • “El César del Boxeo” como quizá el mejor púgil mexicano de todos los tiempos, según algunos de los mejores púgiles mexicanos (y no) de todos los tiempos. Ídolo de la fanaticada que bien lo recuerda: revelándose frente al “Azabache”, poniendo en su lugar al “Macho” o arrebatándole el título a «la fatalidad» en tan sólo 2 segundos. 
  • “Iron” Tyson con todo y sus tentativas de canibalismo y fallas instintivas un grandísimo peleador, que siempre ha luchado contra su destino, gran figura desde amateur y en su calidad de olímpico, un «acorazado de bolsillo» para su categoría, de potencia candente y el campeón más joven de los pesados en la historia, con apenas 20 años, 4 meses y 20 días
  • Nacho Beristain sin más ni más, un forjador de campeones: 22 en total y 13 del Consejo Mundial según sus propios números. Y para darnos una pequeña idea de su clase como entrenador, apenas unos cuantos nombres “de desconocidos”: Daniel Zaragoza, Gilberto Román, Juan Manuel Márquez, Ricardo López…

Pero ¿y Stallone? me preguntan… Su inducción al Salón de la Fama, ya lo sabemos, tiene una sola, suficiente e irrefutable razón: Rocky. Pocas veces en la historia del box y del deporte, en el cine, se puede dar vida a un personaje tan entrañable que ha atravesado 3 décadas en condiciones bastante dignas, emocionando y respondiendo al espíritu de cada época

Surge a mediados de los setentas, en el momento que EE.UU. más necesita de héroes que encarnen sus valores nacionales, sobre todo frente la derrota en Vietnam. Así, en el marco de las fiestas del Bicentenario de la Independencia Norteamericana un “don nadie” recibe la oportunidad de pelear frente al campeón de los pesos pesados, Apollo Creed, el cual mucho recuerda a Ali, de hecho, el guión se inspiró en la pelea Wepner–Ali del ‘75. En ambos casos, la victoria no llega… pero la victoria es secundaria cuando te ganas el respeto de tu oponente y el del público. Esa quizá sea la verdadera gloria del boxeador.

Esa misma que Stallone logró. Pues protagonizó su propia historia: de un actor de poca monta pasaría a ser una de las estrellas más poderosas de la industria hollywoodense, de inmediato se convierte en la tercera persona en la historia del cine en lograr nominaciones al Oscar por Mejor Guión y por Mejor Actor Principal, es decir, como escritor y protagonista el mismo año, los otros dos, casi nadie: Charlie Chaplin por El Gran Dictador y Orson Welles en el Ciudadno Kane. No digo que sus genios sean equiparables libra por libra, pero juegan en la misma liga.

Los tres nos han dado escenas inolvidables, que se conectan a nivel de soledad y logro. Mi escena favorita de Rocky es la serie de su entrenamiento, ya saben: levantarse a la madrugada, trabajar en el gimnasio con Mickey logrando fuerza y agilidad, correr por las sucias calles de Philadelphia, subir la escalinata y levantar los brazos en señal de que todo está listo para la hora de nuestra hora.


Ese sentido del esfuerzo de la preparación, del apresto del «héroe» bajo la tutela del viejo y sabio maestro, esa victoria sobre sí mismo es la quintaesencia del box, para bien y mal es verdad para los boxeadores (y para todos): eres tan bueno como tu entrenamiento, pero eres mejor en la medida de tu arrojo. No en vano ha sido homenajeada y parodiada en muchas obras, incluso en la excelsa Million Dollar Baby de Clint Eastwood (hay algo de Rocky en Maggie); y tampoco en vano ha inspirado a millones entre los que me cuento, tanto, que sigo y seguiré entrenando con un horrible “pans gris”. 

No soy un apóstata: no negaré que Rocky (I) me sigue emocionando e inspirado como cuando era niño, que realmente me gusta el resto de la saga incluso la V, y que Rocky Balboa (VI) me parece grandiosa, un final digno para un gran púgil. Ese es el gran mérito del personaje y la serie, conectar con el público, emocionar, inspirar… precisamente una de las escenas finales de Rocky Balboa lo sintetiza, la mano del campeón aún vendada, fundida con la mano de alguien del público o incluso, al correr los créditos finales en la misma cinta, se ve a gente común y corriente, gente como uno imitarlo en las escalinatas… decadente y cursi, sí, y con todo encantador.

El boxeo ya lo sabemos es el más humano de los deportes, en gran medida porque es el deporte de la inspiración y en ese aspecto Rocky es como el box mismo, muestra un camino, inspira al que ‘sólo’ quiere pasar su examen y al que desea tener un logro empresarial casi del mismo modo, a los que intentar lograr condición física y a los que desean ser profesionales del deporte (aún con esos temas musicales que son ya clásicos), inspira a los que sí llegaron y a los que no llegamos a los encordados profesionalmente…

Lo demuestro con ésta anécdota a modo de corolario. Cuenta el gran campeón Ricardo “Finito” López Nava sobre sus inicios en el box, siendo apenas un niño (de 10, 11 años):
“... Por ese tiempo salió una película que a mí me tatúo, mentalmente, Rocky. Y yo imitaba a Rocky. Tomaba cinco huevos crudos. ¡De verdaad! ¡¡Me daba un asco!! Y de verdad que me preguntaba para qué tantos huevos”.
Me atrevería a responderle al invencible Ricardo López: “para eso campeón, para eso…”Hay que subrayar lo de “a mí me tatúo, mentalmente” sobre todo por el valor que tuvo y tiene la mentalidad triunfadora para éste gran púgil de los mínimos. Y si Rocky–Sylveter Stallone pudo infundir esta mentalidad, avivarla de algún modo, o tuvo que ver algo en la disciplina y empaque que “El finito” logró para ser ese dechado de técnica, pundonor y triunfo, entonces Sylvester Stallone merece estar en todos los Salones de la Fama del Boxeo. 

Para los nuevos, para los viejos y para los futuros integrantes: 
Honor y gloria, por siempre.

E. L.T.

martes, 7 de junio de 2011

Scientia (9): Cátedra (2)

– A ver Señor López…
– Sí Profesor Mairena…
– … ¿cuándo no se cumple la tercera ley de Newton?
… mmhh… dado que la velocidad de propagación de las interacciones es finita, ésta ley puede no ser válida, «siempre»… para las interacciones que se realizan a la distancia.
– Bien, ahora dígalo en lenguaje científico…
Amor de lejos es de…
– Exacto…


Enrique López T.

sábado, 4 de junio de 2011

Capricho (10): Penumbras

Soy sólo penumbras: 

si mis palabras todas se perdiesen…
se ganaría en luz
y en verdad, 

si mis actos se olvidaran 
se ganaría en belleza
y misericordia, 

pero mis palabras volverían
a bramar desde las albas,

y mis actos a quebrar 
otra vez las ataduras… 

soy persistente…

soy sólo penumbras.


Enrique López T.