domingo, 16 de enero de 2011

Pazzo (3): Opciones

La soledad de los árboles es como la soledad de las sombras
pero quizá más voraz: golpea, golpea y tienes que resistir.

La locura te permite aguantar lo que nadie podría en su sano juicio
como el amor o la decepción, incluso hasta la locura misma.

Eso no significa nada
hasta que te vuelves un árbol o  una sombra,
o un loco, o en un alarde de valor:
las tres cosas.


Enrique López T.

jueves, 13 de enero de 2011

Narra (4): El mar de Dirac

A medida que envejezco me encuentro más triste. Siento como la desvencijada vida quiere renunciar a nuestro pacto de compañía y apoyo mutuo. Yo estoy empecinado en caminar un día más y ella, quiere echarse a un lado del camino a soñar eternamente, le ha agarrado el gusto al sueño y a su tibieza encantadora. Así que tengo que arrastrarla por la sucesión de minutos en las que los agujeros se multiplican en mí y a mi alrededor… como las manchas de mi piel, esas que me camuflarán por completo cuando la inexistencia llegué a quedarse en mi lugar.

Esto por otra parte revela una paradoja bastante difícil de explicar para aquel que se encuentra en mitad de ésta singularidad de absurdos y retruécanos, es decir, yo. Un yo que se deshace en jirones de trapo, heridas por la inamovilidad, memorias resecas y piel curtida por el negro sol de la edad que no indulta, un yo que absorbe a la multitud que fui y de la que, día a día pierde detalles, pormenores que siento hubiera sido importante no olvidar como el nombre de aquellos ojos que me hicieron soñar más de una vez.

Pienso esa paradoja con cuidado, como si no quisiera despertar al ogro que duerme, al dragón que sueña, igual que un controlador aéreo tratando de que las gigantescas naves ni siquiera se rocen al pasar unas al lado de las otras. Pero yo sé que la colisión es inminente, que ya está sucediendo y que la peor parte no sucederá en tierra sino más arriba: mis neuronas están a punto de derretirse como la nieve por el mediodía soleado que se abre paso, para dejar una mezcla de pureza e impurezas, de nada y de todo… una mezcla que de verla, seguramente me recordaría al mar de Dirac si tan sólo supiera que diablos es eso, y por qué lo tengo tan a la mano.


Enrique López T.

martes, 11 de enero de 2011

Narra (3): Escritores

La verdad yo escribo para participar, sin haber sido invitado, en la gran farsa que es la escritura; de éste perverso juego de apariencias, fantasmas y apostasía que resulta un consuelo para almas débiles o demasiado fuertes, que al fin y al cabo son lo mismo, inadaptados que escriben en un mundo práctico, que tiene preocupaciones más dignas que la de acomodar una palabra y lograr un efecto, un aplauso o incluso un premio.

Personalmente me gusta éste juego sin reglas y sin castigos verdaderos, me siento bien entre lo estéril, polvo del camino o polvo de oro si lo quieren. Algunos románticos dirán “un libro cambió mi vida” pero son los menos, el negrito en el arroz que debe ser separado para que la blancura triunfe a la hora de destapar la cacerola de las esencias. Eso del libro nunca lo experimenté, a mí me cambió la vida la pobreza y las decepciones.

Sólo los estúpidos o lo que ya lo son, quieren acabar con los ricos. Yo como todo pobre que se respete soñaba, sueño con ser uno de ellos, sentarme a su gran mesa, compartir sus alimentos, su alcohol, sus charlas, su decrepitud tan perversamente publicitada; y no hay ricos de más alcurnia que los escritores, aristócratas sin arcas ni título nobiliario, que se creen mejores que todos nosotros porque han logrado poner en palabras la sabiduría que procede de la calle o de Dios, pero nunca de ellos.

La mayoría acumula libros, encumbra sus recuerdos y glorifica sus experiencias por más comunes o ridículas que sean, en un juego de apariencias, de elevadores, de escaparates, de pintura dorada en spray que se le aplica a todo, esa es la principal materia prima y no la tinta negra aunque fluya como ríos, inútilmente.

Pero no creo, ni ustedes lo hagan, que somos distintos, sólo que yo sé reconocer mi insignificancia; ellos también son de una pobreza insultante y más desproporcionada, imagínense anhelan sentarse a la mesa de Dios y rozar la eternidad verdadera, porque sin importar cuantas palabras o premios acumulen su inmortalidad expira fácilmente.

Aún cuando escribo para resistirlos, no quiero su eternidad débil. Me conformo con tomar un lugar que no fue previsto para mí y con ser a veces la incomodidad, el constante fuera de lugar que toma a todos con los pantalones en la mano; me conformó con acabar con su circunspección de etiqueta, con consumir sus preciadas palabras y llevarlos al callejón sin salida de los golpes, y en ese terreno más de uno ha sabido quién soy en verdad.

Como les decía, yo escribo porque me gusta entrar a las fiestas sin ser invitado, y no he conocido gorrones de más presunción que los escritores de cualquier tiempo, de cualquier espacio.


Enrique López T.

domingo, 9 de enero de 2011

Pazzo (2): Relojería

Hace meses que no veo un amanecer 
y por ello no he amanecido en meses,
aún duermo y te he soñado tanto, 
que hasta he empezado a creer que eres real.

Pero quizá sólo son los medicamentos
que en la casa del dolor me dan.

También he soñado que rengo un alma
y que todas las noches a las 3 de la mañana
me levantó a darle cuerda,
pero esto sí es falso no tengo alma
aún no me la regresas
y espero el día
he guardado tanta cuerda
como para pescar a la Luna...



Enrique López T.

jueves, 6 de enero de 2011

Narra (2): Mi nombre...

Mi nombre en realidad no importa, no creo sobrevivir ni al naufragio, ni al paredón de fusilamiento, ni a la condena de los dioses. Esto por supuesto representa ante todo, una esperanza mucho más que un pretexto para no decirlo.

Tampoco diré a qué me dedico eso revelaría mucho de mí, y no quiero ser presa de algún bromista, que mañana toque a mi puerta con noticias de mi pasado perdido, ese que perdí con todo el dolor del mundo pero con toda la voluntad de mi hígado, al corazón dejémosle tranquilo un rato.

Solamente les advierto que lo que aquí contaré es verdad por más que los hechos se resistan y las conciencias se escandalicen, pues ustedes que saben de la vida más que yo o que cualquiera saben que, la realidad es más extraña que la más compleja de las ficciones imaginada por la mejor de las escritoras, solamente por el hecho de que las mujeres mienten mejor y de que la realidad anda libre sin tener que dar explicaciones de su estilo de composición.

Como verán ya saben más de mí de lo que quisiera.

Enrique López T.

martes, 4 de enero de 2011

Narra (1): Año nuevo

Mi muy querida:
disculpa que me meta en tus terrenos narrativos
pero este año tengo unas ganas tremendas 
de juntar y apilar piedras sobre piedras 
en cajones más largos y amplios, 
espero me comprendas.
 


Un sábado de enero de esos en que no hay nada que hacer más que levantar otra muralla china o reintentar el Renacimiento, Harry tuvo la mejor idea de su vida: largarse del pueblo.

No era una idea nueva, pero sí genuinamente liberadora. La idea así desnudita, recién nacida, le dio una paz como en años no había conocido, un alivio tal que todos sus dolores de riñón se esfumaron y tuvo ganas de beber otra vez de ese whiskey mezclado con canela, tomillo y ajenjo, ese que su abuelo le enseñó a hacer y del que prometió no alejarse nunca mientras tuviera alguna célula hepática en buen estado.

Saco una botella de la repisa que fungía como base de un pequeño altar consagrado por santidad humana, a sus estupideces... y dio un pequeño trago. Como si su idea de marcharse ya estuviera haciéndose de un cuerpo y a cada instante fuera más perfecta.

Afuera algo pasaba, algo entre una tormenta y un presentimiento, él lo sabía pero a la luz de su profundo estado de gracia, le restó importancia o no le dio ninguna; y bebió otro sorbo, delicadamente como si el licor saliera de unos labios sensuales que recordaba, incluso diría que con ternura. También se complacía en pensar marcharse, en dejar el pueblo; entonces se levantó de su cama aún tibia a buscar un mapa seguramente, cuando alguien tocó la puerta.

¿Quién sería? Él sí sabía quién era, tanto que escondió rápidamente el hermoso mapa que ya había encontrado, la botella y sobre todo la idea...

Apenas era mediodía y los hechos concurrirían rápidamente.


Enrique López T.

domingo, 2 de enero de 2011

Pazzo (1): Campanadas

Cuando hayan caído las máscaras
quizá sea demasiado tarde,
el amor nunca se pudre.
La moneda del sueño no compra realidad,
compra el deseo de hacer realidad lo que soñamos,
y yo te he soñado tanto...

En la montaña mágica 
mi corazón es tan viejo como Herodes,
mi corazón es tan sucio como su pecado,
mi corazón es tan hueco como tus ojos 
buenos.

Quizá seamos felices en algún universo paralelo.


ELT

sábado, 1 de enero de 2011

1° de enero

Torrente de la Avenida, los cauces se confunden.
Como un mar pintaron las calles... de soledad.

Aquí podía estar toda la Sinfónica dos veces
y tocar, tocar, tocar.

El silencio hoy alcanza para todos también dos veces
tampoco hay que abusar.

Incluso aquí los cowboys muertos podrían cabalgar
y tener sus enfrentamientos en cada esquina,
desbocar sus caballos 
en el paso peatonal,

la ciudad es una llanura de aventuras,
los pocos autos desvelados salen a pastar.

Yo suplico que en esta palaciega llanura 
toquen Bernstein
y que Bernstein vuelva a tocar.


Enrique López T.