martes, 4 de octubre de 2011

La Esencia del Hombre (3/6): El soñador

Mal día, apenas coagula. Color de invierno, lluvia ácida y tumultos. Me duele el cuerpo. El termómetro habla en oraciones simples. Ojalá alguien cantara una de esas canciones alegres de hace siglos, pero ahora nadie tiene corazón para hacerlo. De codos sobre el día palpo nuevas y viejas heridas. Sólo es fiebre y dolor. Ahora el hombre desnudo es una parábola infinita de la salud imperfecta. Hay dolores a los que sólo podemos acostumbrarnos y el placer que nos dan, por presencia o ausencia, es melancólico. Extraño los días de videojuegos y pizza, extraño hablar con Ella de Pamuk, de Márai, de The Killers, de Haydn, de Bohr, de Rosen y Podolsky, de los Coen, de John Ford, y de Scorsese, de Nueva York y Estambul, de la última ensoñación de mi cuerpo junto al suyo. En el amor la felicidad es anormal, pero con Ella era feliz. No debió morir. Pero ¿quién sí? Aún la percibo desnuda tras el tamaño oneroso de las ruinas que hoy conducen al retoño sensible de los muertos. La muerte es a la vida lo que el sueño a la conciencia, pero yo siempre sueño lo mismo, como si me persiguiera una bestia tenaz por los laberintos de un linaje maldito. Sueño que…


Enrique López T.