Tengo un anhelo que espero cumplir en breve (las épocas de los caprichos se acercan rápido), aunque eso signifique mi desfalco total y una tarea descomunal para la mente y el corazón... El anhelo es: tener todos los tomos de las Obras Reunidas de Ricardo Garibay. Don Ricardo para mí.
Debo recuperar de él ese orgullo, esa noción de belleza, esa violencia y esa ternura...
Leñe!
Quizá esté enfermo de nostalgia, pero hoy de pronto cuando un amigo me saludó, me recordó su intempestiva llegada:
¡¡Qué pasó 'inche Enrique! ¿Qué nueva chingadera tiene la ciencia?!
Y de ahí una larga plática sobre las verdades de la ciencia contra las verdades de la literatura, su validez, su temporalidad, y más que una charla... una clase sobre libros, películas, momentos de la vida...
Yo no me esforzaba lo suficiente (ahora el arrepentimiento me sacude), pero me hacía muy feliz cuando algunas de mis ideas le parecía interesante, rompiendo el canon, o descubriendo una "belleza original".
Y la camaradería del "'inche Enrique", pasaba a un muy considerado "joven amigo", lo otro que decía me lo guardo... es algo muy personal, pero eso valía los vía crucis hasta aquellas latitudes, y la voluntad de a veces leer todo el libro, libros gordos.
¡Chinga! no tenía conciencia de lo que aquel hombre curtido a golpes y palabras me daba en cada plática, y lo que significaba en el mundo, en mi mundo aún ahora, sobre todo ahora. He querido recordar sus consejos amorosos, pero por alguna razón no puedo. Pero eso está bien.
Mejor me viene a la memoria una de sus frases, que hace mucho tiempo no aplico: "ese no es escritor, ni nada" y por esa misma senda, algo de cuerpo entero que Froylán López Narvaéz me contó alguna vez hace muchos años ya, y que creo después publicó en algún lado para recordar a ese, que entre todos es mi maestro, para bien o para mal:
― ¿Qué piensa del escritor Carlos Fuentes?
― Ese no es escritor ni es nada, dígame otro.
― ¿Qué piensa de Octavio Paz?
― Ese no es escritor ni es poeta, ni es nada; otro, otro.
Se nota que se divertía, ahí estaba su dicha: saber dar y recibir golpes. Y efectivamente es algo ameno, quizá esa fue la herencia que me dejó.
Espero no recordar mal. Los nombre pueden variar, de hecho creo que es Gorostiza en vez de Paz, no importa, hoy sólo me puse a divagar, a recordar éste genio de la literatura, a quien me enseño a no buscar el aprecio del crítico, a no pertenecer a ningún grupo, a pensar independientemente, a estar por encima de lo que esperan de ti...
Su independencia, valentía, fuerza y altivez son únicas y están presentes en su literatura y son una raspadura en mi vida, quizá no vuelva a respetar las opiniones de nadie más en materia de "arte"; pocas veces me atreví a interponer un "no", pero lo hacía y a él le enternecía, como a un peso completo le divierte que un peso minimosca se plante enfrente.
Sonreía y con razón! Ahora yo sonrío... frente a los cansados polvos de la literatura moderna... leer a Garibay siempre será un acto total, de entera literatura.
― Ahí nos vidrios Don Ricardo.
― Hasta luego 'inche Enrique. Y no vengas con el puto libro terminado! crápula!
Enrique López T.