Fragante y primer corazón sucio:
te pregunto por tu lugar en el mundo,
por aquella vertiente de lo esforzado,
por ese atolón grave de la ausencia
y por éste corte hipostático
de moribunda lejanía.
De ese entonces, ni la brizna nocturna queda,
ni lo fatal, ni lo próximo,
ni lo que iba y venía
a lomos femeninos de un caballo desbocado,
(su espalda toda llena de barcos
que se perdían en el horizonte de caricias).
Con el calor despabilante de ésta lluvia helada
espero que comprendas
que otra vez puedes caminar con la mirada alta,
apoyándote en el relámpago
que gobierna con dura mano
tus más aórticos sentimientos,
tus menos arteriales temores,
[...]
espero que también entiendas
que en el camino a Damasco
has dejado tu cadáver
y tu cumpleaños,
tu pañuelo sin bordes,
y tres dedos en la máquina
de esta vida esquizofrénica
empecinada en destruirnos.
Fragoroso y primer corazón sucio
tu reino es el de la carnicería,
el de la morgue,
el de la caída infinita
de pie sobre la esperanza.
Enrique López T.